Arramarse.

Existe una gran diferencia entre querer y querer lo mejor para alguien. Es culpa de la empatía. Puedes querer lo mejor para todos sin la necesidad de quererlos, pero no puedes querer sin desear la felicidad absoluta de esa persona.

Sin embargo, lo que más se da es ese jodido punto de inflexión. Te mete el dedo en la herida y hurga sin piedad dañando el corazón hasta que las paredes del dolor son atrevesadas, nublándote la vista y haciéndote creer que te da igual que pase con la vida de nadie. Está claro que no se puede hablar de indeferencia, porque aunque no haya amor, puede ser odio lo que prevalezca al final.

Soy un ser irracional. No sé separar lo emocional de lo profesional, no sé juzgar a alguien sin ser subjetiva, no sé decir basta cuando mi cabeza sabe que debería parar, nisiquiera me importa aclarar mi mente. Actuaré como crea conveniente dependiendo de lo que dicte la situación. De momento me mantengo alerta, con las orejas pendientes de cada soplo por si algún insensato quiere tenderme una trampa.

Es por eso que hay corazas que no nos dejan entrar en la vida de los demás de una manera realmente significativa. Es por eso, que cuando le abres un pequeño paso a alguien dentro de tu muralla VIP, para que después te tire piedras desde dentro, no piensas en volverle a abrir el paso jamás.

Ahora, hago entrega aquí de los poderes que me fueron concedidos en su momento, y te absuelvo de todas las condiciones y servicios que habías aceptado prestar. Eres libre de querer quererme, odiarme, incluso olvidarme... No me importa que no te importe, creo que no me importa. Quiero creer que me da igual.
Aún así, dimito.