"Hola, paleta de colores"


No he podido evitarlo, porque es un poco paleto (en el mejor de los sentidos, el más agradable, tierno y enloquecedor que se le pueda dar), porque adoro los colores, porque me gusta hacer que pinto, que escribo, que vivo... Me ayuda a sentirme viva. Empezar con una conversación sin sentido alguno y acabar el uno en la cama del otro. Imaginármelo a mi lado, su roce y su sonrisa, me estremece. Pero tengo miedo a que sea por aquello a lo que venía temiendo desde hace más de un año: sentirme sola. Hasta ahora no se había dado, ahora no lo tengo tan claro. 

Puede que sea la impotencia que vivo día a día sentada frente a mi ordenador, pasando sueño, desgastando mis segundos, ignorando lo que sucede realemente aquí mismo, ahora y en cada instante que expiro. Me gustaba mi vida, me gustaba mi pereza, mi desorden y el mundo en el que sabía que vivía pero que no me preocupaba de una forma tan drástica y agobiante. Me supera. Quiero abararlo todo, pero me duele la rabadilla de no moverme.

"No te equivocas, 
siempre tienes mis colores preferidos."
Creo que he encontrado mi firma. Voy a volverme loca como siga dándole vueltas, no puede ser tan dífícil decidirse... Pero no puedo evitar querer acertar cuanto antes, y estoy asi convencida de que si no grito "es esta!", es porque no es esa. 

No estoy segura de si acertaré con el modelo, no sé ni siquiera si puedo llamarlo modelo. Espero que al menos esté permitido denominarlo así... No conozco apenas nada de este mundo. Creo que me vale con saber que me fascina y que no me importaría NADA formar de alguna pequeña y discreta manera en todo esto. Pero y si realmente no es suficiente con eso? 

De todos modos, hasta que no me haga con algún bote de alguna marca que aún desconozco, creo que seguiré insistiendo en encontrar mi rincón por ahí.

 Me emociono con sólo vaginármelo... AAAY!

Arramarse.

Existe una gran diferencia entre querer y querer lo mejor para alguien. Es culpa de la empatía. Puedes querer lo mejor para todos sin la necesidad de quererlos, pero no puedes querer sin desear la felicidad absoluta de esa persona.

Sin embargo, lo que más se da es ese jodido punto de inflexión. Te mete el dedo en la herida y hurga sin piedad dañando el corazón hasta que las paredes del dolor son atrevesadas, nublándote la vista y haciéndote creer que te da igual que pase con la vida de nadie. Está claro que no se puede hablar de indeferencia, porque aunque no haya amor, puede ser odio lo que prevalezca al final.

Soy un ser irracional. No sé separar lo emocional de lo profesional, no sé juzgar a alguien sin ser subjetiva, no sé decir basta cuando mi cabeza sabe que debería parar, nisiquiera me importa aclarar mi mente. Actuaré como crea conveniente dependiendo de lo que dicte la situación. De momento me mantengo alerta, con las orejas pendientes de cada soplo por si algún insensato quiere tenderme una trampa.

Es por eso que hay corazas que no nos dejan entrar en la vida de los demás de una manera realmente significativa. Es por eso, que cuando le abres un pequeño paso a alguien dentro de tu muralla VIP, para que después te tire piedras desde dentro, no piensas en volverle a abrir el paso jamás.

Ahora, hago entrega aquí de los poderes que me fueron concedidos en su momento, y te absuelvo de todas las condiciones y servicios que habías aceptado prestar. Eres libre de querer quererme, odiarme, incluso olvidarme... No me importa que no te importe, creo que no me importa. Quiero creer que me da igual.
Aún así, dimito.

Sin h intercalada.

En el patio, hablando por teléfono, pienso en el transcurso de los minutos. 
No me da miedo perder el tiempo, no siento que se me escape el momento.

Me preguntaron si quería hablar, y llamé aún sintiendo el pavor de no tener de qué. Sentía que silencios incómodos podrían fastidiar aquello, tenía pánico a que no llegara a ser lo que se espera de ello... El problema es que todo fue como la seda. Desde el principio fue como si ese tipo de cosas fueran algo natural. Arriba y abajo, sin parar de balancear mis piernas en ningún momento. Atónita por el recorrido de la conversación; envelesada con cada aspiración.

Ahora pienso en el significado de mi propio recorrido. Eso sí me da miedo.

Me pregunto si podrían existir las citas vía telefónica... Y si es así, que significado tendrían. Me mata el poder del doble sentido, son todas las indecisiones que crean lo que no soporto. Es por la poca claridad, que me aburre a pesar de que me cuesta horrores sincerarme.

No he decidido muchas cosas importantes a lo largo de mi vida.
De hecho, las que me han marcado han llegado por no pensarlas lo suficiente.
He decidido cambiar eso.

Voy a pasarme un año entero descubriéndome.
Este, es el fin de mi transición.

L19911
T A K É A R S E L O !


Takerina

Recorría las calles de la ciudad con un pinta bajo la manga, escondido pero preparado para desencapucharse y pintar todo cuando se le interpusiera en su camino. Así lo llamaban en su antiguo grupo: pinta. La encantaba. Sonaba tan ridículo que sólo podía sonreír al pronunciarlo. Adoraba la cara de la gente cuando no entendía a qué se refería con aquello. Su jerga. 

A veces iba con los cascos puestos, con la música a todo trapo para sumergirse y no poder escuchar nada más. Entonces se paraba a inventar. Con cada paso que daba veía cómo la música podía enlazarse con el peatón de la acera de enfrente, daba igual quién fuera, su ritmo era el mismo que el del compás.

Después bajaba la cabeza con una medio sonrisa pero más que satisfecha por el resultado de aquel experimento que tanto la levantaba el ánimo. Era la misma sensación de vida que podría experimentar alguien que se tumba y mira las nubes pasar, como quien contempla atónito las estrellas. La volvía loca levantar la cabeza y ver aquel azul, de día, de noche, lloviendo, nevando, los rayos del sol... Y llegó la nostalgia.

El verano se había acabado. Resultó ser un verano largo y aburrido, un verano perdido. Había tomado muchas decisiones, unas malas, otras peores. Pero lo único que quería era no llegar a casa esa tarde. Quería seguir caminando con sus nuevas botas beige incluso toda la noche.

La verdad es que la apetecía que lloviese. Necesitaba una buena dosis de contacto con el mundo exterior, ese que buscaba al caminar con los cascos puestos. Autista, ajena a todo, pendiente de nada.

Sonaba una canción de los chicos que vivían detrás de su casa, no sabría decir cuál, pero la hizo llegar a su auge apoteósico. Enfrascada en su momento, sin preocuparle la señora que la seguía de cerca, los niños de enfrente, ni los coches de la carretera, empezó a correr. No dejaba de sonreír como una niña tonta con botas nuevas. Se subió de golpe a un banco, y gritó. Gritó. Gritó en medio de la calle como nunca se había atrevido a hacer, como nunca hubiese deseado. Entonces esa sonrisa se transformó.

Con la boca aún entreabierta y la sonrisa sin terminar de desaparecer, cuatro gotas competían por llegar antes que ninguna hasta la barbilla. Pero su encuentro fortuito no fue todo lo romántico que podría haber llegado a ser. La señora que caminaba con el carrito de la compra de la mano, la miró con aires de desesperación. No paraba de mascullar, y los osados niños no dejaban de reír como lo que ciertamente eran.

Simplemente no había pensado que haría después de haber llegado a ese punto. Así que decidió girarse hacia los niños y guiñarles un ojo, que corrieron como pícaros a esconderse. Estaba un poco avergonzada, pero se sentía bien. Bien, todo iba bien.

Quiso parar un rato, la carrera la había llevado más lejos de lo planeado en el tiempo que había estimado para llegar a su hogar. Así que se sentó en el mismo banco. Suspiró fuertemente y se reclinó hacia atrás.

Uno, dos, tres... Cuatro pájaros la seducían desde las copas de los árboles de enfrente. Cuánto los envidiaba. A cualquier animal. A ellos sí les iba bien. Seres estables y sin complicaciones. ¡Qué rabia la daba tener capacidad para darse cuenta de lo inútil que podía llegar a ser!

Suspiró de nuevo incorporándose un poco. Echó un ojo a la calle para comprobar que su amiga, la mujer que camina tras de sí antes, no alcanzaría a verla ya. Se arremangó, escribió algo en el banco, y se fue donde cuatro paredes la recogerían del frío, robándole cada sensación que no paraba de buscar en cada rincón de cualquier calle. De cualquiera donde hubiese una hoja, por ejemplo, que bailara para ella.


“Pinto y me voy”

"Enterrado"

Un protagonista; una puesta en escena.























Sólo puedo decir que no recuerdo el nombre del protagonista, pero que hay alguien a quién noombran del que sí recuerdo el nombre. No creo que se me vaya a olvidar en la vida.
Ni siquiera hace falta argumento! QUÉ DRAMATISMO, es increíble.

Al principio pensé que no terminaría de verla, de verdad que sí. La respiración entrecortada y la claustrofobia eran los únicos papeles que me imaginaba podrían interpretarse en una situación así.... Pero aguanté porque había oído que era muy buena. No me defraudó, y logró dejarme en vela más de lo que admitiré nunca.

Creo que sólo podría ponerle una pega: el momento en el que aparece cierto animal en escena. Es realmente la única parte que no termina de encajarme. Da la impresión de que está para rellenar, como si la esencia de la película no fuera suficiente. No sé, la verdad es que me gusta más así, con ese (para mi) defectillo. Si no fuera por ello, pasaría ser a la mejor e irreemplazable película de la historia. Puede que ese sea el motivo de que le haya visto el defecto, porque en otras ocasiones, no suelo darles tanta importancia a esos rasgos que no me terminan de encajar... 

Alucinante cada pequeño detalle. Es absoluta y totalmente indescriptible.
Creo que si no lloré (esta vez) fue porque estaba totalmente embelesada, pensativa, anonadada! No daba crédito a lo que había visto, esta tan perpleja que no sabía reaccionar.

DIOS! Pasa a ser la película a recomendar, la que no se perdona cuando te dicen que no han visto.
Darling M.W. - Brutal, de veras!

La orla de mi zapato.

Desde el primer momento en el que a alguien se le ocurrió la magnífica idea de dar las noticias importantes después de la misa casi obligada en la iglesia del pueblo, todos los medios de comunicación que fueron naciendo, se convirtieron en fruto de censura y subjetividad.

Todo empieza por uno mismo. Luego sólo hay que seguir la cadena y la bola se pasa de uno a otro fugazmente, tan rápido que cuando quieres darte cuenta tu propia noticia te llega de nuevo, como si prendiéramos un pequeño, medio verde y arrugado hierbajo en mitad de un gran campo de espigas en pleno agosto. El resultado es sorprendente. Y no digamos si encima contamos con viento favorable, como puede ser una buena posición pública, algo así como un simple programucho en la vigésimo tercera cadena con más audiencia de la nación. En ese caso, el incendio es brutal, las vueltas que pueden llegar a dar esas cenizas al mundo y lo redundantes que pueden llegar a ser.

Lo mejor es que no tiene ninguna relevancia de qué manera haya arreglado el zapatero las tapas de mis tacones, sino el hecho de que aún tenga dos agujeros en el del pie izquierdo, la punta comida por completo en el derecho, y rasguños incontables repartidos por la superficie de ambos. Y sin embargo, ahí están mis zapatos, en boca de todos. Como una pareja de zebras inmóviles y asustadas, que realmente lo único que necesitan es que dejen de criticarlas y alguien salte a ayudarlas. 

Da lo mismo. Nadie se acuerda de lo que importa, ni siquiera se paran a meditarlo porque todos piensan en lo único que les han dejado oír, cegados por lo único que les ha llegado. Y la verdad es esa, mejor o peor contada, más o menos camuflada, pero el mundo está lleno de pies descalzos que patean áreas desérticas por culpa de incendios provocados.

La cuestión es que la mayoría lo ignoramos, ya sea porque nos fiamos de nuestras fuentes o porque no disponemos de suficiente coraje como para afrontar la verdad y luchar por cambiarla. Igual no es nuestra lucha, igual no queremos que lo sea... 

What to do?

"Bienvenido a casa"

Samuel es un joven fotógrafo que empieza una nueva vida tanto laboral como sentimental. Su pareja, Eva, acaba de darle la noticia de que esperan un hijo y él, reacciona de forma caótica. Por una parte quiere ser el padre que esa criatura debería tener, pero influenciado por sus nuevos amigos de la revista en la que ahora trabaja, se encuentra en medio del pánico y la contradicción.

Perdido en ese mar de emociones, ahora sólo es cuestión de apartar cada tentación que le surge y aclarar cada pensamiento de huida. Todo ello, con la única intención de ser el mejor peor padre al lado de la mujer a la que quiere.







































Como en cada relación, Samuel y Eva tratan de superar las dificultades que su convivencia les crea, intentando que ésta no se sobreponga al amor que les dificulta la tarea de ser pareja.

Responsabilidad, madurez y compromiso...

Como madres

La familia se desvive por ti, lucha contigo por cada paso que intentas dar y te ayuda en todo lo posible. Pero cuando alguien intenta superarse por sí mismo y no tiene más que ha gente insistiendo en lo que tiene que hacer, la sensación de que no confíen por su reputación, de que piensen que por sí mismo no pueda o cualquier dolor mental que se le ocurra a cada cual, es insufrible.

Siempre se agradece la insistencia, todo el mundo es vago en mayor o menor medida y un pequeño empujón puede ser bien recibido, a no ser de que en vez de un empujón te cojan de la mano y te lleven hasta la parada del tren que tienes que ir a coger. 

Puedes llegar a sentirte un completo y absoluto paquete. 

Ya es bastante difícil cuando uno no sabe que hará en la vida, porque a la hora de elegir un camino que seguir, puedes perderte... Pero a veces es mejor equivocarse, aprender de cada tortazo que te das con la pared, y seguir adelante. Y eso es algo que la familia no entiende, porque ellos lo han pasado mal con cada porrazo y quieren hacerte el tuyo más llevadero, incluso si es posible, que no llegue. 

El problema es que tú quieres llegar a ser alguien como ellos, quieres madurar con cada pequeña o gran leche que te des, quieres vivir tu vida y sufrir cada error. Quieres crecer, llorando y riendo cada paso que des.

#Feather




















"El Castor"

La película gira entorno a la vida de Walter, un gran hombre de negocios que sufre una profunda depresión y es totalmente incapaz de salir de ella. Su mujer, viendo como su marido se derrumba por completo y no levanta cabeza, se ve obligada a cuidar tanto de sus hijos, como de él. Los hijos de ambos, ven como su padre ya no es el mismo, uno lo echa de menos y otro desarrolla una obsesión con cada rasgo que le identifica con el ausente de su progenitor (peculiaridad que también sufrió su padre, irónicamente). 

Esto provoca que una familia que antes estaba unida, ahora se vea en una difícil situación que la desarmará por completo. La locura y desesperación se apoderarán de ellos y es posible que ya nada les mantenga unidos, pues cada esperanza que nace, muere y renace para volver a morir cada instante.

Es sin duda una de las más duras representaciones que he visto nunca.

Cierto es que soy de lágrima fácil, pero creo que aunque me fuera la vida en ello, me sería difícil encontrar a alguien que no se conmoviera lo más mínimo con cada sentimiento cruzado del protagonista, con cada entrecejo fruncido por el dolor que siente su mujer, con cada sonrisa del pequeño al ver a su padre, o con cada cabezazo del mayor. 

Se trata de una historia realmente radical y perturbadora, pero nada más lejos de la realidad, habla de un trastorno muy común en los años en los que vivimos. No es algo fácil de curar, ni de llevar. Es cada mirada perdida, las lágrimas que se derraman y el dolor que puede llegar a sentir la gente que vive alrededor de un depresivo por la impotencia que se crea.

La poca solidaridad, nada de entendimiento y toda la fuerza que realmente llega a mostrar Walter, una persona que hará lo posible por luchar por aquellos a los que ama, es lo que mueve la película. 

Domingos por la tarde.

Ella se acostó un día queriendo cambiar su vida. No sentía que fuera la misma persona de antes y por fin estaba dispuesta a cambiar de verdad, en todos los aspectos. No quedaba apenas nada que la gustara. Se miró al espejo tras incorporarse, con el cabello revuelto y de punta. Estaba tan a disgusto que por poco comienza a llorar de nuevo, pero no la quedaban lágrimas del día y la noche anterior.

Tras debatirse entre las sábanas y el desayuno, se duchó.

No había muchas cosas que quisiera salvar de su entorno, pero tenía claro que cargaría con todo el ron y café que pudiera. Aunque para nada hubiera pensado que las personas que habían sido más importantes a lo largo de su vida, no fueran a caber en su carro ahora. Personas que se suponía, la conocían mejor que nadie.

Las pocas jerarquías que había formado, se la derrumbaron por completo. Su continua inseguridad la hizo plantearse desde cualquier piropo recibido en los últimos meses, hasta las más profundas amistades.

El ejemplo eran un par de chicos. Dos polos totalmente opuestos. A uno lo conocía desde hacía más de tres años, al otro algo más de medio, pero con muy pocas vistas físicas. Había compartido tantas experiencias con el primero, que descubrir que el segundo la conocía mejor, la dolía como la peor puñalada entre dos grandes, ahora, conocidos.

No se trataba del hecho de haber dudado de las intenciones del segundo muchacho. Porque las apariencias a veces engañan y podría ser pura pena. Pena mala, claro. Pero quería rechazar la idea de que se apiadara de sus ojos jóvenes, indefensos e ingenuos, aunque aún así la bola se iba abriendo paso sola. Imparable. Como con vida propia. No, era el conjunto de ambos lo que la desquiciaba.

En el fondo ella lo sabía, pero sólo una buena ducha podría aclarar la mente que se había turbado durante una noche entera.

Cuando retiró la mampara y salió de la ducha, se miró de nuevo en el espejo. Sus pestañas mojadas le parecían atractivas, y pensó que al menos, tenía una cosa agradable. Instintivamente, se acercó un poco más al cristal. Quería verse bien cada defecto. "Mira esas ojeras, y qué cantidad de imperfecciones. No puedes pretender que te miren con deseo..." Suspiró tan fuerte que sintió cómo se vaciaba por dentro.

- Miaaaau!

- Mierda, que susto!!!

El gato salió corriendo del baño por el respingo, pero volvió a asomarse al ritmo de un "tis tis tis". Disgustada por haberle asustado, lo cogió entre sus brazos y se sentó en las frías baldosas del cuarto. Allí sentada, acariciándolo con delicadeza, lo escuchó ronronear.

Sentía el calor que desprendía el animal y esa sensación le gustaba tanto que un nuevo mar de lágrimas brotó de la nada. Pensaba que, después de todo, no se merecía aquella simple confianza que depositaba su mascota en ella. Pensaba que, después de todo, si se la daba era porque se la había ganado.

Parecía que había comprendido algo. Todo por lo que había luchado, a lo que había renunciado, todo. Ella había sido fiel a sus sentimientos siempre, no engañó a nadie y no tenía porqué sentirse culpable por ello. Al contrario.

Entonces lo achuchó con todas sus fuerzas agradeciéndole cada momento, y el pobre animal quiso escapar antes de morir asfixiado. Saltó de un brinco de entre su regazo, y a un palmo de ella mauyó, mirándola de lado y moviendo la cola suavemente.

Fue la primera sonrisa que soltó esa mañana. La primera de tantas. 

Sinceridad?

La gente puede llegar a arrepentirse de verdad cuando han dicho algo en caliente. Me refiero a que cuando no pensamos lo suficiente las cosas, podemos llegar a ser hirientes o, lo que puede ser peor, esperanzadores.

Puede que en esas ocasiones simplemente te hayas dejado llevar y no ocultaras tus sentimientos, pero aún sí no se puede descartar la posibilidad de que hayas mentido por inercia. Lo que no tengo claro, es en qué momentos puede ser realmente sincera una persona, ya que las excusas vienen desde mentiras piadosas hasta descarados egoísmos.

El problema está cuando en una relación, alguien no para de mentir y, la otra persona, es tan ingenua como para fiarse de cada palabra. Amor, amistad,... qué mas dará si al final siempre hay una parte que sufre, una parte que decepciona y, con suerte, hombros preparados para recibir cuantas lágrimas vengan-

Las mentiras pueden estar bien,
siempre y cuando no te pillen.

Teško je kao pakao.

En verano me gusta dormir con la ventana entreabierta, para que corra un poco el aire y me pueda tapar sin llegar a morirme de calor. Me gusta el roce de unas sábanas blancas, su olor y la sensación de protección que me producen. Duermo mucho mejor, más a gusto. Además, es estupendo despertarse y ver los rayos del Sol entrando entre las rendijas de la persiana.

Hoy me he levantado con ganas de hacerme un blog. Tener un sitio donde colgar fotos y una breve descripción de mis paranoias ha estado bien, pero quiero cambiar de parajes y darle un nuevo punto de vista a mi forma de desahogarme.

No sabría decir lo que significa exactamente, pero creo que no mentiré si digo que "me siento un poco alpistadita, como si tuviera gorgonzola." 

Cada vez tengo más claro que sólo me pongo en plan filosófica o que me da la venada de escribir cuando echo en falta un poco de liberación, es decir, cuando estoy triste o melancólica. Simplemente, cuando tengo algo en lo que pensar profundamente. Y la verdad, es que es algo que me fastidia, porque cuando soy un poco feliz es cuando más ganas debería tener de gritárselo al mundo. ¿Acaso nos gusta compadecernos? ¿Lo hacemos porque realmente todo el mundo busca la atención de los demás?

En parte creo que es así, todos necesitamos un poco de afecto de vez en cuando. Somos seres sociales que necesitan algún piropo de vez en cuando, una guiño de ojos, una palmadita en la espalda o un simple abrazo. 

No sé dónde quiero llegar con todo esto. Tan sólo voy a decir que no podré evitar hablar de las relaciones, porque es lo que nos rodea por completo, de lo que vivo y, por lo tanto, de lo sentiré más de una decepción o tristeza. Espero poder decir cosas bonitas también. 

En fin, en honor a mi regalizción.
Ahora sí que me voy al sobreado.
Un besote dimensional.
Te mando un beso con grandes capacidades.
Un beso completo, el beso total.